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sábado, 7 de febrero de 2009

Contrastes… (por Miguel Motas)

El martes por la tarde realizo tres necropsias más de animales jóvenes que no han soportado los envites de la naturaleza, por suerte no habían sido ultrajados por los skúas, con lo cual son de vital importancia para los análisis toxicológicos, ya que me permitirán realizar aproximaciones a la toxicocinética estableciendo relaciones de acumulación de los tóxicos en los distintos órganos.
No habían terminado las sorpresas con el clima, el miércoles amanece con una ventisca y nevada de tal nivel, que la mayoría nos vemos obligados a suspender nuestros trabajos, en lo que a nosotros respecta anulamos la visita a la pingüinera con lo que aprovechamos y trabajamos en el laboratorio. La nevada supera con creces a la anterior, lleva toda la noche nevando y toda la mañana sin parar... empieza a causar problemas para abrir las puertas...

De repente para de nevar y en la comida en apenas 30 minutos, se despeja todo y sale el sol, es inconcebible que en 30 minutos haya un cambio tan sumamente radical... con el sol y tras la nevada el espectáculo es único. Rápidamente se planean actividades y se coordina el apoyo de los militares para transportarnos en zodiacs, quads, orugas, etc. Salimos hacia la pingüinera, las vistas son preciosas, nos ponemos polainas previendo que con tamaña nevada tendremos ciertas “inmersiones” en la nieve. No nos equivocamos, el trayecto es divertido pero cansado, cada pequeño desnivel o trayecto de glaciar, ha sido lugar de acúmulo de nieve, nos hundimos hasta la cintura, es realmente trabajoso escalar estas montañas de nieve. En el último obstáculo antes del destino, paso unos diez minutos hundiéndome en nieve para intentar superar esta barrera de nieve virgen recién caída entre el regocijo de mis compañeros, al final la opción era arrastrar la nieve a mi pecho, compactarla y de esa forma apoyarme en dichos “escalones”… agotador.
Al día siguiente llega el momento... terminamos las 320 extracciones de ADN, desmantelamos el laboratorio y ya sólo nos quedan dos días de pingüinera, uno para terminar los experimentos, y un último para pesar 100 pollos antes de que abandonen la pingüinera en su camino hacia el mar. Hemos cumplido los objetivos en tiempo y forma venciendo diversas vicisitudes, con lo cual estamos satisfechos, somos un equipo y este es el fruto. Esto nos va a permitir tener unos días para realizar excursiones por la Isla y conocer lo que hacen otros compañeros, pues hasta ahora no hemos podido ver las fumarolas, los restos históricos de la Factoría Ballenera, los restos de la Base Chilena e Inglesa víctimas de la última erupción, la lobera, el Glaciar Negro y el Rojo, etc.
El viernes volvemos a la pingüinera y terminamos el experimento de parásitos, al bajar a la playa encontramos tres cadáveres de adultos, es una gran noticia pues sólo teníamos de pollos, esto permitirá establecer diferencias en la acumulación con la edad... La vuelta es dura, quizás por el factor psicológico al ser de las últimas veces que vamos, ayudado por el detalle de que con las ropas de trabajo y los ejemplares adultos, llevo a la espalda 20 kilos de mochila quedando todavía nieve por atravesar. Empieza el fin de semana y mañana tenemos cumpleaños en la Base Argentina...

Fotos: Miguel Motas.

lunes, 26 de enero de 2009

Trabajando con petreles gigantes, cuando el tiempo lo permite..

Crónica de Silvia Jerez

Una de las limitaciones más importantes que se presentan al trabajar en un lugar como éste es sin duda el clima. Si el viento y la nieve son fuertes y persistentes, es preferible no salir a hacer trabajos en el campo. Esto ocurre a menudo. Sin embargo las condiciones meteorológicas cambian muy rápido, y si por la mañana parece que va a ser imposible salir en todo el día, en un rato mejora de forma radical y se puede salir. Además, el meteorólogo de la base, Pili, controla constantemente estas condiciones e informa a los investigadores cuando es aconsejable salir y cuándo no.El “Grupo Aves”, con el que colaboro aquí en la base, estudia diferentes especies en la isla. Hemos estado trabajando en varias colonias de petreles gigantes. Para trabajar con esta especie es necesario conocerla bien, de manera que se influya lo menos posible en su desarrollo y hábitat, y el disturbio sobre las colonias se minimice al máximo. Los chicos que trabajan con los petreles gigantes llevan años haciéndolo, y cumplen con creces este requisito.
Llevan a cabo estudios sobre fidelidad al sitio reproductivo y entre parejas, éxito reproductivo, etc. Para ello es necesario anillar individuos y controlar su presencia mediante la lectura de los anillos año tras año, determinar el sexo mediante la medida del pico de cada individuo que se anilla o detectar nidos que se hayan perdido. Además se toman muestras de sangre y plumas. Su experiencia permite que estos trabajos se realicen con bastante agilidad.
Una vez finalizadas las tareas en cada una de las colonias, hay que alejarse unos 50 o 100 metros, y controlar que todos los petreles permanezcan en sus respectivos nidos mediante el uso de prismáticos. Esta maniobra a veces lleva horas, y el frío en lo alto de la montaña se hace bastante incómodo de soportar. Cuando por fin todos los progenitores ocupan sus nidos, nos alegramos mucho, y seguimos trabajando.

Fotos: Silvia Jerez.

miércoles, 14 de enero de 2009

Impresiones de un novato antártico... (por Miguel Motas)

Es mi primera semana en la Base Gabriel de Castilla y mi primera semana antártica, ¿cómo describirlo en poco más de unos párrafos cuando todavía no he sido capaz de asimilarlo? voy a intentarlo con las limitaciones que alguien "de Ciencias" puede tener en estas lides.

Todo es especial y único aquí, el paisaje, el clima, las relaciones humanas, el ciclo luz/oscuridad, etc. Lo primero que uno debe de aprender aquí es a tener paciencia, todo lo planificado es susceptible de fracasar, uno no tiene dominio de su tiempo incluso a veces de su cuerpo (el frío puede entumecerte tanto las manos que no puedes trabajar con precisión), en apenas 40 minutos puedes presenciar las cuatro estaciones del año lo cual implica que cualquier labor realizada a la intemperie puede ser ardua.

Una vez superada esa primera fase de aceptar que “esto es la Antártida” viene la etapa buena, empiezas a interiorizar la grandeza de lo que te rodea, percibes la fuerza implacable de la naturaleza, la impetuosidad en todas sus expresiones: el mar, el viento, el frío, la dura competencia entre pingüinos, skúas, focas leopardos, etc., competencia tanto interespecífica como intraespecífica. La soledad, el silencio, las grandes dimensiones de todo lo que ves, unido a la ausencia total de contacto con el exterior (por motivos técnicos no podemos recibir correos electrónicos)... todo ello facilita una interiorización que permite vislumbrar en cada cual facetas desconocidas, toda sensación está a flor de piel, no te cuesta expresar tus sentimientos, centras la atención en las cosas verdaderamente importantes, tienes la sensación de empezar a conocerte a ti mismo.

Curiosamente hay una honrosa excepción a esa competencia intraespecífica a la que te abocan las dificultades… nosotros. Todas estas dificultades exacerban un sentimiento de compañerismo y respeto sin igual en otros escenarios cotidianos de nuestras vidas. Ya ha sido inmejorablemente descrita la inestimable labor del ejército en esta misión científica, todo ello gracias a unas PERSONAS con mayúsculas en todas sus vertientes, trabajadores incansables, solícitos a todo requerimiento, amables, educados, simpáticos, divertidos, responsables…..son el alma de la Base. Si bien es de justicia destacar que toda esta orquesta está milimétricamente sincronizada por el Jefe de Base (Fernando), el cual con una mezcla armónica de rigurosidad y simpatía es capaz de que hagas hasta lo que no quieres hacer.
Entre el personal científico hay una comprensión y apoyo continuo, todos tenemos una curiosidad insaciable por saber qué es lo que hace tu colega con esos aparatos tan raros… Es divertidísimo aprender de geodesia, vulcanismo, chismografía, cartografía, etc. Si bien es cierto que es un poco vergonzante que uno tenga que venir al Polo Sur a 13.000 km de su tierra, para tener buenas relaciones y sinceras con cualquier colega con el que entabla una conversación.
En fin, uno va adquiriendo conciencia con el paso de los días, que esta experiencia va a cambiar su vida, tanto desde el ámbito personal como desde el punto de vista científico.

“Estos días se quedan con uno para siempre, son inolvidables y no se encuentran en ningún otro sitio más que en los polos”
Edward Wilson


Actualizado por J.C.Gómez.
Información publicada por Miguel Motas en el Blog de la Base Gabriel de Castilla.

Fotos: Miguel Motas y www.ejercito.mde.es/mexterior/webantartida/

lunes, 29 de diciembre de 2008

En Plena Provincia de Tierra del Fuego (Ushuaia)


Ushuaia es una ciudad argentina, capital de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Se encuentra situada a orillas del Canal Beagle, rodeada por la cadena montañosa del Martial, en la Bahía de Ushuaia. El Departamento de Ushuaia cuenta con una superficie de 9.017 km2 (incluye Isla de los Estados y las islas argentinas del Beagle). Las orillas del Canal Beagle y la cadena Martial dan el marco natural, sobre el cual se extiende esta localidad. Junto a la vecina ciudad chilena de Puerto Williams, son las ciudades más australes del mundo.

El clima de Ushuaia es frío, de tundra (sin embargo bosques magallánicos bordean la ciudad), con una temperatura media anual de 5,7 °C y una escasa oscilación anual que va de 1,5 en julio a 9,4 °C en enero. Este clima pertenece al subpolar oceánico. Vientos muy fuertes azotan la ciudad, y esa es la razón por la cuál los árboles desprotegidos de las tempestades crecen siguiendo la dirección del viento, y por lo tanto son llamados "árboles-bandera" por la inclinación que son forzados a tomar.


En breve podremos ofrecer la situación real del Buque Las Palmas en el trayecto hasta la Isla Decepción.

Fotos: Wikipedia